Coworking Maresme: lo que hemos aprendido al abrir nuestro espacio

Abrir un espacio de coworking en el Maresme, Happy Working, en una pequeña localidad costera como Caldes d’Estrac, ha sido una de las cosas más interesantes y desafiantes que hemos hecho como operadores. Desde fuera, la oportunidad de Coworking Maresme puede parecer una apuesta fácil: estilo de vida costero, proximidad a Barcelona, un número creciente de trabajadores remotos y un territorio que sigue atrayendo nuevos residentes.

Pero la realidad es más compleja.

Incluso después de años de experiencia como consultores y operadores de coworking, abrir un espacio en Caldes d’Estrac nos recordó que entender el sector no es lo mismo que activar un mercado local. El Maresme tiene un potencial real, pero también tiene sus propios ritmos, su propia lógica y un comportamiento de usuario muy distinto del que muchos operadores esperan en ciudades más grandes.

Precisamente por eso creemos que vale la pena compartir esta experiencia.

El Maresme es atractivo, pero no es fácil de activar

El primer reto es territorial.

El Maresme sigue siendo en gran parte un territorio residencial. La gente vive aquí, pero eso no significa automáticamente que trabaje en la zona o que se sienta conectada a un ecosistema profesional local. Muchos residentes siguen manteniendo sus vínculos profesionales en Barcelona, mientras que el tejido empresarial local sigue siendo limitado o está concentrado en lugares como Mataró.

Eso genera un reto muy específico para el coworking.

No estás ofreciendo simplemente escritorios. Estás intentando activar una cultura local de trabajo, conexión y pertenencia en un territorio donde esa cultura aún se está desarrollando.

Esto se hace todavía más evidente en un municipio como Caldes d’Estrac, que tenía 3.348 habitantes en 2025. En un municipio de este tamaño, el crecimiento de un coworking depende menos del volumen y más de la confianza, la relevancia y la capacidad de construir una comunidad real con el tiempo.

En el Maresme, la competencia real es casa

Una de nuestras primeras constataciones fue entender contra qué estábamos compitiendo realmente.

En muchos mercados urbanos, el coworking compite con otros espacios de coworking, los largos desplazamientos, malas condiciones de teletrabajo en casa o cafeterías poco inspiradoras. En nuestro caso, la competencia real es la propia casa.

En el Maresme, especialmente en las zonas de renta más alta, muchos profesionales viven en casas grandes y cómodas, con espacio suficiente para trabajar bien. Ya tienen lo que muchos trabajadores urbanos buscan: tranquilidad, luz, privacidad, una buena configuración de trabajo y, en muchos casos, incluso jardín y piscina.

Así que, cuando abres un coworking aquí, no compites contra la incomodidad. Compites contra la comodidad.

Y, sin embargo, esa misma realidad crea la oportunidad.

Porque, aunque muchas personas trabajen muy cómodamente desde casa, también se sienten solas. Echan de menos la interacción informal, las conversaciones frescas, la energía compartida y la sensación de estar rodeadas de otras personas construyendo cosas. Esa necesidad social es, muchas veces, lo que acaba llevándolas a un coworking.

Una escena de coworking débil también puede ser una oportunidad

El segundo reto es la propia escena local de coworking.

En muchas partes del Maresme, el coworking ha existido, pero a menudo en formatos muy pequeños, muy funcionales o con poca identidad. Los mayores espacios de coworking están en Mataró, pero también tienden a ser edificios más corporativos: funcionales, eficientes y, en muchos casos, bastante aburridos.

A primera vista, esto puede parecer desalentador.

Para nosotros, se convirtió en una de las oportunidades más claras.

Cuando el mercado todavía está poco desarrollado, hay margen para construir algo más relevante. No solo un lugar práctico donde sentarse a trabajar, sino un espacio con carácter, sentido y comunidad. Un lugar que la gente elija no solo porque necesita wifi y una mesa, sino porque quiere sentir que forma parte de algo.

Barcelona sigue enviando talento al Maresme

Luego está el cambio a largo plazo que más importa.

El Maresme lleva tiempo recibiendo una migración lenta pero constante de personas que dejan Barcelona para mejorar su calidad de vida. Algunas se mudan por tener más espacio. Otras por el mar. Otras porque el trabajo remoto por fin ha hecho posible ese cambio.

Esta migración no es explosiva, pero sí constante.

Y cada nueva persona que se instala aquí trae consigo redes, conocimiento, ambición y potencial de colaboración. El territorio está acumulando talento de forma silenciosa.

El reto es que ese talento sigue estando fragmentado.

La gente está aquí, pero no necesariamente conectada. Ahí es donde el coworking se vuelve estratégico. Si se hace bien, puede actuar como infraestructura local para el talento. Puede convertirse en el lugar donde la gente se encuentra, colabora, comparte oportunidades y empieza a sentirse parte de un ecosistema profesional más amplio.

Hemos identificado nuestro mercado objetivo

Les 3 Viles es donde la gente busca más flexibilidad y donde hay más rotación

La zona de Les 3 Viles, Sant Andreu de Llavaneres, Sant Vicenç de Montalt y Caldes d’Estrac, es donde hemos visto una mayor demanda de flexibilidad y un mayor nivel de rotación de usuarios.

Estos municipios tienen un perfil claramente residencial y un poder adquisitivo relativamente alto. Allí viven emprendedores, consultores, creativos, freelancers y trabajadores remotos, muchos de ellos en viviendas muy cómodas.

Eso no cambia nuestra propuesta de valor. Hace más evidente qué es lo que realmente viene a buscar la gente.

Si las personas van a salir de un entorno doméstico amplio y agradable, el lugar que elijan tiene que ofrecerles algo realmente valioso a cambio. En nuestro caso, eso también significa ofrecer una experiencia premium: un edificio protegido del siglo XIX, interiores decorados con mucho gusto y un entorno completamente confortable, que resulta inspirador, acogedor y profesional al mismo tiempo.

La gente no busca cualquier escritorio. Busca un lugar que le ayude a trabajar mejor, a sentirse mejor y a conectar con otras personas en un entorno con carácter.

En este tipo de mercado, el coworking tiene menos que ver con la infraestructura y más con la conexión.

El comportamiento del usuario aquí también es muy distinto del que solemos ver en las grandes ciudades. En los mercados urbanos, muchos operadores de coworking dependen en gran medida de membresías a tiempo completo y de rutinas pensadas para sustituir a la oficina tradicional. En Les 3 Viles, esa lógica no se aplica del todo.

Aquí muchas personas no quieren venir todos los días. Ya tienen un buen lugar desde el que trabajar en casa. Lo que necesitan es flexibilidad, acceso y oportunidades para reconectar con otras personas a lo largo de la semana.

Por eso precisamente nuestro plan más popular es la membresía de 80 horas al mes.

Este producto permite a los miembros venir cualquier día de la semana, a cualquier hora, durante un máximo de 80 horas al mes. Ha funcionado especialmente bien porque encaja con la realidad del usuario local. Quieren autonomía y comodidad, pero también interacción social y una atmósfera profesional cuando la necesitan.

Lo mismo ocurre con productos flexibles más cortos, como el pase de 4 horas.

Ambos productos responden al mismo comportamiento: la gente no necesariamente quiere sustituir el trabajo desde casa, pero sí quiere complementarlo. Cuando entiendes eso, tu estrategia de membresías se vuelve mucho más precisa.

Mataró, Arenys de Mar y Canet de Mar: un mercado clave para emprendedores y pequeñas empresas

Mataró, Arenys de Mar y Canet de Mar son mercados importantes para nosotros, especialmente cuando se trata de atraer a emprendedores y pequeñas empresas que puedan necesitar oficinas privadas. Esto es importante porque las oficinas privadas son uno de los productos clave del negocio desde el punto de vista de la rentabilidad.

Para nosotros, estas zonas representan un mercado potencial con una audiencia más amplia de clase media. Las dinámicas son ligeramente distintas en cada ubicación, pero la necesidad existe. Hay talento, hay profesionales bien formados y hay margen para un ecosistema local más sólido si la oferta se construye con el posicionamiento adecuado. Muchos de estos profesionales viven en pisos en lugar de en casas grandes, lo que hace que los espacios de trabajo fijos y las oficinas privadas sean especialmente relevantes en esta parte del mercado.

Mientras que los escritorios flexibles y los pases de día ayudan a generar flujo, visibilidad y comunidad, las oficinas privadas aportan otro tipo de estabilidad a la operación.

Por eso parte de nuestro esfuerzo comercial local está enfocado en identificar y acercarnos a las empresas y profesionales adecuados en Mataró, Arenys de Mar y Canet de Mar.

Nuestra estrategia y posicionamiento: alianzas, cultura, bienestar y comunidad glocal

Desde el principio supimos que abrir un coworking en Caldes d’Estrac no podía reducirse a inmobiliaria o venta de puestos de trabajo.

Si queríamos hacerlo sostenible, teníamos que construir relevancia local y comunidad.

Por eso uno de nuestros primeros pilares han sido las colaboraciones estratégicas con organizaciones empresariales y de emprendimiento. En mercados emergentes, los coworkings necesitan alianzas. Estas colaboraciones aportan visibilidad, legitimidad y acceso a redes ya existentes, en lugar de obligarte a construirlo todo desde cero.

El segundo pilar ha sido convertirnos en un lugar donde pasan cosas.

No solo trabajo, sino también cultura, actividad social, bienestar y momentos de comunidad. En un mercado en el que mucha gente puede trabajar cómodamente desde casa, la estrategia ganadora no es imitar la oficina. Es ofrecer una experiencia más rica de la vida laboral cotidiana.

Esa es también la razón por la que nuestro producto está diferenciado, aunque el mercado todavía no tenga mucha competencia.

Lo que estamos construyendo no es solo un espacio de trabajo. Estamos combinando de forma intencionada trabajo, productividad, bienestar y una experiencia espacial premium. Nuestro coworking está ubicado en un edificio protegido del siglo XIX, diseñado con mucho cuidado y pensado para resultar completamente cómodo en el trabajo del día a día. Esa combinación es una parte central de nuestra propuesta de valor y una de las razones por las que el proyecto se siente diferente.

En un mercado donde muchas personas ya tienen hogares cómodos, el diseño, la atmósfera y el confort no son algo secundario. Forman parte del producto.

Recientemente hemos formalizado una colaboración con un estudio de yoga que activará nuestra sala de bienestar con programación tanto interna como externa. Esto nos ayuda de varias maneras.

Refuerza la experiencia de los miembros.

Da más visibilidad al espacio.

Y también nos ayuda a atraer a profesionales que trabajan en el sector del bienestar y el ámbito holístico, personas que pueden pasar a formar parte de la comunidad y enriquecer el tipo de red que estamos construyendo.

Nuestro objetivo no es simplemente reunir a personas que necesitan un lugar desde el que trabajar.

Es crear una comunidad de talento que también valore el bienestar personal y profesional.

El tercer pilar es construir lo que llamamos una comunidad glocal.

Para nosotros, eso significa conectar a personas locales con mentalidad global. Significa crear puentes entre profesionales del Maresme, expats que ya viven en la zona y nuevos residentes que llegan desde Barcelona o desde otros países.

Ese equilibrio importa.

Si solo construyes para los locales, corres el riesgo de quedarte demasiado pequeño. Si solo construyes para los recién llegados, corres el riesgo de crear algo superficial. El verdadero valor aparece cuando ambos mundos se encuentran.

Conclusión

Abrir un coworking en el Maresme no es fácil.

Incluso con experiencia como consultores y operadores, hace falta paciencia, comprensión local y un punto de vista muy claro. El mercado necesita educación. La demanda está fragmentada. La casa es una competencia muy fuerte. Y la comunidad no aparece automáticamente.

Pero precisamente por eso la oportunidad es tan interesante.

El Maresme no necesita más espacios de trabajo genéricos. Necesita lugares que conecten talento, generen pertenencia y ofrezcan una forma más humana de trabajar. Ese es el reto que asumimos en Caldes d’Estrac, y también la razón por la que creemos tanto en el futuro del coworking en este territorio.